El mareo de la derecha hispana

La derecha capitalista hispana interpreta los acontecimientos en Estados Unidos con los lentes del imperio romano.

Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos.

El capitalismo a los hispanos nos resulta difícil, casi imposible, comprender por la herencia impregnada en nuestro subconsciente. Los pilares del capitalismo moderno descansan sobre el movimiento protestante clásico originado en el siglo XVI, especialmente el Calvinismo.El catolicismo como religión está bien, nada que agregar o quitar. El problema comienza cuando esos principios de fe se vierten en la sociedad en forma de gobierno o mentalidad política. El papado, heredero de la estructura imperial romana, tiene como figura central un vicario que comunica al resto de los mortales con la divinidad, es vitalicio, infalible en cuestiones de fe y tiene el poder para interpretar las Escrituras, excomulgar y decidir el destino eterno de las almas.

En el mundo protestante la percepción es diferente. La responsabilidad individual, la salvación personal, el sacerdocio universal de los creyentes, ausencia de intermediarios para comunicarse con la divinidad, la autoridad final de la Escritura por encima de las tradiciones o cualquier criterio humano, produjo una estructura social inmensamente diferente a la hispana.

Lo que vemos hoy es el resultado de esas herencias. América Latina sigue creyendo en mesías y emperadores, los pueblos ciegamente se someten al estado so pena de ser excomulgados, los ciudadanos necesitan un intérprete de la realidad y benefactor. En otras palabras, sigue replicando lo peor del sistema romano asumido por el catolicismo y no detiene la producción de tiranos. Cuando en América Latina se levanta un movimiento político es para alimentar un estado omnipotente que somete al pueblo.

El Norte camina en otra dirección, la realidad es otra y para entender al fenómeno Trump hay que remontarse al origen del americanismo y su carácter excepcional.

Los padres fundadores de esta gran nación diseñaron un sistema basado en tres pilares. Primero, la fe en un Dios Creador que hizo a todos los hombres iguales sin acepción. Segundo, el carácter de república constitutiva con una carta magna inviolable y sempiterna. Y tercero, el poder del individuo para someter al Estado y ponerle límites tangibles incluso con las armas si fuera necesario. Conceptos difíciles de digerir para la mentalidad hispana.

En ese contexto aparece la figura de Donald J. Trump. Los electores que apostaron por Trump no lo hicieron sobre la base de promesas de prebendas o programas asistencialistas. No. Fue elegido para reafirmar el carácter excepcional de la Constitución de los Estados Unidos, proteger la Segunda Enmienda, nombrar jueces a la Corte Suprema que continúen el legado nacional, recupere la supremacía del individuo sobre el estado, saque al gobierno de la fórmula y arranque la nación de las manos de los globalistas.

¿Populista? Es posible, pero no como lo pintan los capitalistas histéricos y melosos de latinoamérica con su tremendismo político. Allá se rasgan las vestiduras gritando “racismo” y “nacionalismo” a cuanto esfuerzo de seguridad nacional se implementa. Lloran “proteccionismo” con cada desregulación al mercado y se le pone coto al globalismo. Si es populista lo es en el sentido positivo de la palabra, un ejecutivo contratado para detener al gobierno y no un caudillo determinado a someter al pueblo en nombre del estado.

¿Cuán efectivo será el presidente en cumplir su agenda? El tiempo dirá y es difícil predecirlo en un sistema diseñado para asfixiar tiranías. Mientras tanto la derecha capitalista hispana, siempre inconforme, sigue mareada interpretando los acontecimientos en Estados Unidos con los lentes del imperio romano.

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One Comment
  • Jose Mendoza
    18 July 2017 at 5:54 pm

    Que excelente nota, tenia años de no leer una nota tan instructiva. Muchas Gracias Alex.

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